lunes, 19 de enero de 2009

La sequía se profundiza y los daños se sentirán por años


Nota de Matías Longoni, Diario Clarín, Domingo 18 de Enero de 2008.

La pérdida de cosecha costará $ 30.000 millones. Calculan que murieron casi medio millón de vacas. Habrá menos plata en el Estado y en amplios sectores. La falta de lluvias seguirá todo el año.


Todo es amargura: la intensa sequía que padece buena parte del interior del país arrasa con la producción de un campo que venía dulce. Mario Llambías, el presidente de CRA y uno de los referentes de la Mesa de Enlace, utiliza el ejemplo de la miel para mostrar los daños provocados por la escasez de lluvias. Dice que en algunas zonas, las colmenas que producían 25 kilos al año ahora están ofreciendo de 5 a 7 kilos. Las abejas padecen lo mismo que los vacunos, los lanares y los cultivos. Lo mismo que la economía sufre y sufrirá. Ya se están estimando pérdidas que no bajan de los 15.000 millones de pesos, y que podrían duplicarse si San Pedro no abre rápido una canilla. Lo seguro, es que las consecuencias se sentirán por al menos dos años, eso si no se agravan.

Desde hace mucho tiempo que un fenómeno climático no alteraba las grandes cuentas nacionales. Esta seca, la peor en medio siglo, dejará su huella en el PBI y en otras variables. La agricultura y la ganadería, explican casi el 10% del producto bruto interno. Pero tienen ramificaciones hacia toda la economía.

La cosecha 2008/09 ingresó en tiempo de descuento. Aunque restan sembrar algunos lotes de soja, los analistas descartan un fuerte recorte desde el récord del año pasado, cuando se produjeron 95 millones de toneladas de granos. Según el prónostico más optimista, quedarán en el camino 10 millones de toneladas. Los moderados hablan de 20 millones. Y los pesimistas, de 30 millones. Las pérdidas por la caída de las exportaciones agrícolas podrían ir de 3.000 a 9.000 millones de dólares. Y es sólo el comienzo.

Gustavo López, consultor de Agritrend, suele formar parte del grupo de expertos que ven el vaso más lleno que vacío. Pero acaba de volver de una recorrida por los campos y lanza el peor pronóstico. Calcula que la cosecha argentina se reducirá un 20% esta campaña y será de 78,25 millones de toneladas. Hasta la soja, principal adalid de la economía argentina, mostrará un retroceso del 7%.

Entre quienes conservan algo de optimismo está Paulina Lezcano, analista de Agropuerto. Aún así, da por descontado un retroceso de la cosecha cercano a las 10 millones de toneladas. Con el trigo y el maíz en retroceso, evalúa que la soja todavía puede salvar las papas. Pero aclara: "Todo puede empeorar si no hay lluvias en estas semanas".

Pero las esperanzas climáticas son escasas. Los expertos hablan del inicio de un ciclo seco que puede durar años. Eduardo Sierra, especialista en agroclimatología, sostiene que llegarán algunas lluvias entre febrero y marzo, pero que la sequía volverá en abril. Es más: dice que para la temporada 2009-2010 "los datos apuntan a un nuevo desarrollo de La Niña", como llaman al fenómeno climático de estos meses, producto del enfriamiento del Océano Pacífico y la disminución, en consecuencia, de la humedad en la región.

La falta de agua sumó sus garras a las de otras dos fuertes bestias que atacaron al campo: la fuerte baja de precios del último semestre y la pésima relación entre el campo y el Gobierno, que aún cuando llovía causaba desaliento entre los chacareros. Pero la sequía es ya el peor de los enemigos. Juan Cruz Rey Kelly, economista de CRA, calculó que las pérdidas totales llegarán a 29 millones de toneladas. De ellas, 14 millones corresponden a lo que denominó "el factor político". A la cuenta de la sequía cargó 15 millones.

"Las pérdidas que las economías del interior resignan para la presente campaña rondan ya U$S 7.800 millones, mientras que el Estado deja de percibir unos U$S 2.340 millones por una menor recaudación por retenciones", apuntó Rey Kelly.

Que el daño ha sido el más grave queda en evidencia con otro dato: la superficie sembrada cayó un 10%, en cerca de 3 millones de hectáreas, pero por el retroceso de los rendimientos de los cultivos la caída de la producción sería del doble, cercana al 20%.

Andrés Sipowicz, gerente de Información del estatal INTA, confirma el panorama. "Todo lo que crece y necesita agua se ve afectado por la sequía. En Pergamino, donde el maíz rinde de 8.000 a 9.000 kilos (por hectárea), este año va a rendir 4.000 a 4.500 kilos". La mayor preocupación de Sipowicz es el tendal que quedará. "El daño es sobre toda la cadena. ¿Cómo se compensa al chofer del camión, al mecánico, a la fábrica que vende cubiertas?", se pregunta.

Para medir algunos de estos efectos, el Movimiento CREA, que agrupa a los productores más tecnificados del país, puso la lupa sobre una de las regiones más castigadas por la seca, el norte santafesino. En el Departamento 9 de Julio, los productores arrancaron la campaña agrícola con una ingreso proyectado de U$S 656 por hectárea. Hoy, no pueden aspirar a más 224 dólares. La caída es bestial, del 66%. "El productor recibirá un tercio de lo que esperaba. Nos está costando sostenerlos emocionalmente", señaló Ricki Negri, economista de esa entidad.

Si la cosecha se hubiese mantenido en torno a los 90 millones de toneladas, los productores habrían facturado unos U$S 20.000 millones. Pero los ingresos caerán en picada en cualquiera de los tres escenarios posibles, es decir si el volumen de producción retrocede 10, 20 o 30 millones de toneladas.

Como dijo Sipowicz, del INTA, no es el productor el único que pierde. En el escenario intermedio y más probable, los transportistas se perderían de realizar 938.000 viajes de camión, los contratistas dejarían de cobrar U$S 894 millones por menor tarea de cosecha, y la cadena comercial perdería comisiones por U$S 190 millones.

No existe una cifra oficial respecto de las pérdidas que la sequía provocó al sector ganadero. Pero los datos sobre mortandad de animales hablan de pérdidas que van desde las 250.000 al medio millón cabezas. Un informe de CRA avisa que los daños no son exclusivos de la ganadería bovina. "En Chubut se perdieron 1 millón de ovejas -sobre un stock de 4,5 millones- y se produjo una caída del 30% de la producción de lana", señala. Un conteo de la cantidad de vacas que han muerto por la falta de agua y de forraje recién podrá hacerse cuando concluya la campaña de vacunación contra la fiebre aftosa, a mediados de año. Si fuese medio millón, representaría el 1% del rodeo nacional. Pero a unos 400 pesos por animal, la pérdida sería de otros 200 millones de pesos.

"Los daños a la ganadería no pueden calcularse solamente por el número de vacunos muertos. El tema es más complejo y tardaremos meses es saber cuál ha sido el impacto de la sequía en el sector", advirtió un técnico del INTA. Según el profesional, la verdadera dimensión del desastre debe contemplar la pérdida de kilaje de los animales mal alimentados (en definitiva, habrá menos carne) y, especialmente, el impacto de la seca sobre la llamada tasa de procreo. Esto es: cómo afectará la falta de pastos los nacimientos de terneros del próximo invierno.

En las provincias del Norte, por ejemplo, se encuentra el 45% del stock bovino. Allí, la tasa de preñez de las vacas supera apenas el 50% (es decir, por cada 100 vacas nacen algo más de 50 terneros). La falta de alimentación adecuada que están sufriendo hoy esos animales, podria hacer retroceder de 10 a 20% el número de vacas preñadas. Así, a futuro, las pérdidas prometen ser mucho mayores.

Negri, de AACREA, suma otra columna en el debe. Advierte que muchos productores, para evitar que sus animales mueran de inanición, están vendiéndolos a valores irrisorios, unos 150 pesos en al caso de las vacas. Todo suma al millonario lucro cesante que padecerá la ganadería y el país.

1 comentario:

Chespiritu del Bonsái dijo...

En mi nombre usuario hay un blog en donde se explica las consecuencias de las retenciones para la economia de los ultimos años. Saludos.